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Light and movement. Afternoon in Paris.

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Light and movement. Afternoon in Paris.

Mensaje por Samantha L. Sussane el Mar Sep 03, 2013 12:53 am

Los solicitantes pasaron a la sala preparada para la sesión. Una habitación pulcra, colores blancos y reluciente metal. Las maquinas apenas si vibraban con un zumbido sordo y remoto que más parecía un arrullo, la antesala al sueño.
Los técnicos prepararon a cada uno de los solicitantes. Se les entregaron largas y holgadas batas de una tela exquisita al tacto. La Arquitecto fue la primera en tomar posición en el sillón donde pusieron en su frente y cubriendo sus ojos algo similar a unas antiparras igual de blancas y relucientes. Luego siguieron los otros.
La mujer relajó su mente y su cuerpo, entonces se sumergió.

Entrar al sueño fue como salir a la superficie, respiró y enfocó, sintiendo como iba cediendo  el hormigueo en su piel.
Se concentró un instante, entonces el piso se solidificó y el blanco de la habitación real se extendió uniforme aquí, el lienzo para comenzar.
El resto fue apareciendo como espectros que cobraban el brillo de la carne en pocos segundos, los esperó a todos, entonces habló.

—Mi nombre es Sam Sussane, para los que no me conocen. Maestro Arquitecto de la Orden y quien les ordenará el mundo en este viaje. Mi tarea es simple, yo modelaré el entorno donde ustedes desarrollaran este sueño, les daré los parámetros, las formas, los límites, pondré las reglas y los obstáculos. Nada en este sueño los podrá dañar realmente, pero si se caen, dolerá, porque eso es lo que se supone deben sentir al caer. Su cerebro continuara interpretando las señales y estímulos tal como sabe hacerlo, por ello no los expondré a caos innecesario— hizo una breve pausa, asegurándose de ver entendimiento en los rostros.
—Una vez que ponga el escenario, mi presencia no influirá en sus pasos, son libres de guiar y explorar cuanto quieran, pero estaré vigilando. El mundo moldeable no debe ser alterado más allá de sus límites, hay cosas que están más allá de la lógica que pueden soportar y debo cuidarlos de sus propias mentes. Entrar es apenas voluntario, salir es lo que requiere el verdadero esfuerzo—.

En silencio, volteó y relajó los brazos a los lados del cuerpo, expandiendo su imaginación. Las imágenes de los archivos de Memory Zero fueron cobrando forma y extendiéndose por el horizonte, un paisaje urbano olvidado hacia mucho. Paris, la ciudad de las luces.
Con detalle se armaron a su alrededor las calles, las casas, los negocios, la torre se recortaba lejana. Luego la vida. La ciudad se iluminó con el movimiento de los autos, gente, animales. Hasta donde alcanzaba la vista había color y forma.
Sam extendió las manos, invitándolos.

—Pueden ir, disfrutar de una tarde en la ciudad más animada del mundo antiguo. Junto al río siempre hay gente reunida, música y diversión, arte por todos lados… Sólo no demoren mucho con los ciudadanos, son pobres reflejos de un ser, incompletos y dedicados únicamente a la tarea que les he impuesto—.

Finalmente se rodeó con un brazo y pareció por un segundo que una tela clara la cubría, luego un suave ondeo y nada. Sus últimas palabras flotaron en el aire.
—Si me necesitan, lo sabré—.

En terminos de juego:

Yo estaré vigilando el tema, pueden desarrollar una historia a su gusto con París como escenario. Si leo que se están yendo por las ramas o que están poniendo elementos demasiados incoherentes con la realidad que sugerí, entonces intervendré con nuevas reestructuraciones o desafíos. Podrán pedirme intervenciones voluntarias cuando gusten por PM y podrán pedirme despertar cuando se lo propongan, haciendo alusión a algo que los conecte con la realidad, un recuerdo representado en una escena familiar, algún objeto que encuentren que les traiga a la memoria algo que deben hacer fuera, etc.
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Samantha L. Sussane
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Re: Light and movement. Afternoon in Paris.

Mensaje por Alaska Quildam el Miér Sep 04, 2013 11:24 am

Abrir los ojos era fácil, asumirlo, también. Tomo un bocado de aire, mientras sus orbes verdes se dirigían al techo. Blanca pintura, unas luces parpadeantes. Habían pasado apenas un par minutos desde su salida de Las Pesadillas, su turno había concluido. Como siempre, lanzo esa risa carente de cordura, que asusto al encargado que conectaba la maquina. Si, le encantaba actuar como si le faltara un tornillo, como si se le hiciese entretenido pisar esa tierra de nadie y ahora estuviera sintiendo un cosquilleo parecido a un orgasmo sobre su piel, si alguien se lo preguntaba, respondería eso. ¿Era verdad? No. Es hora de largarse. Se levanto del asiento, guiñándole un ojo al funcionario, aquel que había apodado Oso. Simplemente era enorme, barbón y la mayoría del tiempo se expresaba con monosílabos y gruñidos. Con pasos gráciles, se acerco a las puertas movedizas y se despidió con un saludo militar. Ella era así, en su rostro se notaba la burla absoluta, sarcasmo, una sonrisa algo loca y una voz demasiado clara y fuerte para una muchacha de cabellos violetas. Difería completamente del ciudadano normal de Insome, hasta que se encontraba enfrente de uno de sus jefes, entonces su rostro se volvió frió, calmado y carente de sentimientos, así tenía que ser. La ciudad en pocos minutos se la trago, hombres y mujeres, infectados de una invisible neblina gris llena de amargura y depresión la recibió. Sonrían un poco. Dijo su mente con ironía. No, no deberían. Con lo jodido que estamos todos, mejor lloren. Volvió a lanzar una carcajada, llamando la atención. Que sonido tan singular era ese ¿no? Quizás algunos nunca lo habían escuchado. En el fondo, tenía más que claro todo lo que sucedía a su alrededor, pero era mejor quitarse un tornillo y responder con ironía a toda la miseria y demás que veía. No importaba, en un par de pasos saldría de ese callejón oscuro y se encontraría con las relucientes calles que llegaban a los Sueños Comunitarios. Cualquiera que hubiera visitado las pesadillas, desearía tener un descanso de los sueños, ya que tenías que enfrentarte a ellos y no dejar que te cambiaran, pero a Alaska le parecían divertidos. Y como siempre había buscado su propia entretención, en sueños, molestar a los demás y hacer sus vidas un poco más miserables, iba derecho a conectarse nuevamente. 

Su sonrisa rápidamente se borro, cambiándola por unos ojos fríos y una actitud calmada. Que excelente actriz era, aparentando el vació interno de la mayoría de ciudadanos de Insome. En unos pocos minutos ya estaba pasando a la antesala al sueño. Alguien, junto a ese grupo de monótonos seres humanos, los esperaba. Era una muchacha que Alaska podía reconocer como una arquitecto, la encargada de darle forma a la sesión. Les dio todas las instrucciones y finalmente la muchacha termino en la ciudad de Paris. Viendo como Sam desaparecía ante sus ojos. – Que horrible lugar. – Dijo con sarcasmo, ganándose miradas consternadas. – En serio, ¿Quién querría traer a sus hijos aquí? – Entonces abrió su boca dramáticamente – Cierto, no podemos tener. – Los ojos fulminándola no se hicieron esperar, pero ella solo avanzo campante por entre las representaciones de franceses. Las luces la invitaban a liberarse y dejarse maravillar, pero eso sería un grave error, si, podía engañarse a sí misma y decirse que era hermoso y tendría que venir más seguido. Pero la Quildam era demasiado realista, mientras más le gustara, mas lo necesitaría. Y ya de por si trabajaba en sueños. No jodas, tan solo cállate los pensamientos de una vez. Se gruño a sí misma, mientras sus dedos tocaban una extraña foto de una de las tiendas, la famosa Torre Eiffel decía en letras blancas. ¿Eran verdaderos recuerdos o una ilusión? No pienses en eso, luego se te muere la única neurona que tienes. Volvió a molestarla la voz en su cabeza, que sin lugar a dudas ella era misma, incordiándola. Paso una mano por su cabello violeta, despeinándolo un poco. Al final, término por sentarse en la silla de un restaurante, sintiendo corrientes de aire contra su piel cada vez que un auto pasaba a su lado, después de todo las mesas estaban ubicadas fuera del establecimiento. Una camarera le sirvió una taza de té, falsa. Falso, falso, falso…eso, no, eso también es falso. Se dijo en su cabeza, enumerando la cantidad de cosas que no eran reales de la ciudad. Ósea, la ciudad en si no era real, era un sueño. Y quizás esa actitud pareciera enfermizamente pesimista, y es que bueno, esa palabra podía definir bastante bien a Alaska. – Underneath the echoes, buried in the sadhows, there you are. Draw into yourmystery, i was just beginnig to see you ghost, but you must know… - Canto en voz baja mientras revolvía con una cucharita el té. Era más relajante perder el tiempo de esa forma que en la realidad. No iba a tomarse el liquido, tan solo estaba aparentando ser parte del sueño, era buena en eso, después de todo era una Viajera.
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Re: Light and movement. Afternoon in Paris.

Mensaje por Luan Brennan el Miér Sep 04, 2013 10:54 pm

Luan estaba de paso por la ciudad, recolectando con otros. Había decidido ir luego de escuchar el rumor de que El Primer Ciudadano otorgaría un viaje especial a los habitantes. Sabía que era peligroso, sabía que Liam no estaba de acuerdo, pero es que ella no podía desaprovechar esa oportunidad. Pocas veces podían entrar en la maquinaria real, los Sueños legales.
Así es como había terminado infiltrándose en una de las cámaras para ser dormida con los demás. Tanta gente, tantos rostros, no era tan difícil pasar desapercibida, pero una vez dentro debía ser aun más cuidadosa, la mente podía traicionar.

En medio de la multitud escuchó las palabras de la Arquitecto, asimilándolas. La ciudad que surgió le pareció maravillosa y las historias que había oído desde pequeña sobre el mundo de antes surgieron claras en su memoria. Esta era una de esas viejas ciudades lejanas de las que sólo quedaba el recuerdo y Luan observó con sincero asombro el mundo que se abría ante sus ojos, sin importar que no fuera real, era como vivir en aquellas memorias. Por ello es que los dichos de la mujer de pelo violeta le parecieron tan desagradables y crueles, más aun la alusión a los niños. No podía sólo ser lástima de esas pobres mujeres infértiles, a ella le tocaban también. Cuanto le dolía no tener un hijo aun.
Se guardó cualquier replica, considerando que era mejor no llamar la atención de ninguna manera, y comenzó a caminar con aire despreocupado, dispersándose con la masa.

La calle principal era amplia, hermosas casas de tres pisos la bordeaban, una arquitectura añosa y pulcra en colores pálidos donde el color lo daban los toldos y marcos. La naturaleza bajo control se desplegaba, arboles en la avenida, plantas en macetas bajo los aleros. Avanzó cautelosa, haciendo un reconocimiento, mucha gente merodeaba de un lado a otro, esa parecía una avenida comercial y pronto fijó como punto de referencia la torre metálica que se alzaba en la lejanía, para poder adentrarse en las calles enrevesadas que cruzaban de aquí a allá. Los límites estaban tan lejanos que era imposible fijarlos.
De pasada por un escaparate miró su reflejo y quedó conforme con su apariencia, jeans ajustados y una camisa blanca de gasa suelta, esas eran las ropas de cualquier ciudadano de Insomne que hubiese estudiado algo de historia, ella lo sabía bien. Se acomodó el cabello un poco con esa vanidad que a veces escapaba de su interior y siguió caminando. Una cabellera violeta la hizo voltearse un instante, la mujer de antes estaba sentada fuera de un café enfrente. Esbozó una débil sonrisa y continuó su camino hasta el comienzo de un parque donde se levantaban negocios al aire libre. Tiendas de libros y puestos con artesanías, joyas, chucherías varias. Se entretuvo mirando como niña, hasta acabar probándose sombreros frente a un espejo bajo un toldo lleno de colores.
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